Sordera y vértigo
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Tratamiento del vértigo

 

El tratamiento del vértigo puede resumirse en base al tratamiento general de los síntomas o tratamiento sintomático de un episodio brusco de vértigo y al tratamiento  específico  según el tipo de vértigo y las causas que lo producen.

 

Dependiendo de las características del vértigo y de su evolución las opciones de tratamiento pueden esquematizarse  como sigue:

 

Tratamiento sintomático:

 

            Episodio brusco de vértigo

            Desequilibrio posterior a un episodio de vértigo

 

Tratamiento del tipo de vértigo y sus causas:

 

            Vértigo espontáneo prolongado o persistente

            Episodios de vértigo espontáneo intermitentes

            Vértigo posicional

                          

 

Tratamiento sintomático   

El vértigo es un síntoma producido por una alteración vestibular que desequilibra la actividad espontánea entre ambos laberintos (generalmente por la disminución brusca de actividad en uno de ellos) y que suele acompañarse de malestar de estómago con náuseas, a veces vómitos, desequilibrio corporal y nistagmo (síndrome vertiginoso). El vértigo remite solamente cuando la actividad entre ambos sistemas vestibulares se reequilibra, ya sea porque la función vestibular laberíntica se recupera o porque, en caso contrario, dicha función se reequilibra o compensa por el cerebro (compensación vestibular). El desequilibrio puede persistir tras un episodio brusco de vértigo cuando la lesión vestibular periférica es irrecuperable, durante el periodo de tiempo que el cerebro tarda en compensar la actividad entre ambos sistemas vestibulares.

 

Episodio brusco de vértigo

El tratamiento general de un episodio brusco de vértigo intenso tiene por objeto eliminar la sensación de vértigo, prevenir los vómitos y recuperar un equilibrio normal con mínimos efectos secundarios sobre los mecanismos de compensación vestibular. Los fármacos utilizados para tratar el vértigo tienen un efecto predominantemente sedante sobre el sistema vestibular (sedantes vestibulares) y actúan a nivel de los neurotransmisores y neuronas vestibulares cerebrales reequilibrando la actividad entre ambos lados. Los fármacos utilizados para prevenir los vómitos (antieméticos)  actúan tanto a nivel del centro cerebral del vómito como de los componentes periféricos en el mismo tracto gastrointestinal y a menudo se utilizan asociados con fármacos antivertiginosos.

 

Además, muchos antieméticos tienen acción sedante vestibular asociada y viceversa. El tratamiento de un episodio brusco no debe prolongarse más allá de la duración del vértigo, pues puede no ser efectivo para prevenir un nuevo episodio y tener efectos secundarios perjudiciales para la compensación vestibular.

 

Desequilibrio posterior a un episodio de vértigo

Con frecuencia aparece desequilibrio posterior a un episodio de vértigo brusco y prolongado (p.e., varios días de duración), cuando la lesión vestibular laberíntica o en el nervio vestibular (lesiones periféricas) es irreversible o irrecuperable y la desigualdad de actividad entre ambos lados persiste. Dicha desigualdad desencadena espontáneamente mecanismos cerebrales que tienden a reequilibrarla o compensarla (compensación vestibular), para que la recuperación funcional sea lo más completa posible. Dicha compensación es estimulada, favorecida y acelerada por la actividad física; y  es dificultada y retrasada, con el riesgo de que sea incompleta, por el reposo físico y los sedantes en general (p.e., sedantes vestibulares, tranquilizantes, etc.).

 

Por ello, las primeras recomendaciones en el tratamiento del desequilibrio posterior a un episodio brusco de vértigo  es interrumpir la administración de sedantes vestibulares y animar al paciente a recuperar su actividad física habitual lo antes posible (siempre en relación a la intensidad de los síntomas y al grado de movilidad que el paciente tolere). Además, movimientos repetidos de la cabeza, los ojos y el cuerpo permiten al cerebro recalibrar las relaciones entre la información visual, propioceptiva y vestibular favoreciendo la recuperación funcional. Dichos movimientos se enmarcan dentro de programas de rehabilitación vestibular, tratamiento que ofrece diferentes opciones dependiendo de cada caso en particular para estimular la compensación vestibular y favorecer que la recuperación funcional sea lo más rápida y completa, ya que existe un periodo crítico para ello.  

 

Tratamiento del tipo de vértigo y sus causas

Los tipos más frecuentes de vértigo son: el vértigo espontáneo que persiste durante días, los episodios de vértigo espontáneo intermitentes o vértigo recurrente y los episodios de vértigo provocados por cambios de posición de la cabeza o vértigo posicional.

 

 

 

Vértigo persistente

El vértigo espontáneo que persiste durante días (vértigo persistente) suelen producirlo lesiones vestibulares irreversibles de un laberinto o del nervio vestibular, producidas a su vez por infecciones (p.e., laberintitis), alteraciones del riego sanguíneo (p.e., infarto laberíntico), traumatismos (p.e., fractura laberíntica), etc. 

 

 

 

 

 


El tratamiento de este tipo de vértigo incluye el tratamiento sintomático del vértigo, el tratamiento del desequilibrio producido por la pérdida irreversible (parcial o total) de la función vestibular periférica y el tratamiento específico de la causa que lo produce.

 

Tras la fase de vértigo intenso, la recuperación del equilibrio depende de mecanismos cerebrales de compensación vestibular, por lo que el tratamiento sintomático del vértigo en estos pacientes no debe prolongarse evitando así que interfiera con el desarrollo de dicha compensación, la cual sí debe favorecerse y estimularse mediante la rehabilitación vestibular. Además, siempre que sea posible debe tratarse la causa del vértigo (p.e., tratar la  infección en caso de laberintitis), realizar  tratamiento preventivo de factores de riesgo que alteran el riego sanguíneo (p.e., diabetes, hipertensión arterial), etc.

 

Aunque el tratamiento de la causa del vértigo constituye un objetivo prioritario, su curación no implica necesariamente la recuperación de la función vestibular ya deteriorada, por lo que muy a menudo el tratamiento mediante rehabilitación vestibular puede ser fundamental para la recuperación del equilibrio.

 

Vértigo recurrente: enfermedad de Menière

Los episodios de vértigo espontáneo recurrente los producen sobre todo alteraciones laberínticas (p.e., enfermedad de Menière), alteraciones del nervio vestibular (p.e., tumores benignos o neurinomas de pequeño tamaño del nervio acústico) y alteraciones mixtas que pueden afectar a los receptores laberínticos y/o a áreas cerebrales vestibulares (p.e., migraña, insuficiencia de riego cerebral).

 

Los episodios de vértigo pueden durar de minutos a horas y con frecuencia se acompañan de otros síntomas (p.e., síntomas auditivos, síntomas neurológicos).

 

Las causas más frecuentes de vértigo intermitente son la enfermedad de Menière y la migraña y su tratamiento médico incluye el tratamiento del episodio brusco y el tratamiento preventivo de nuevos episodios, con los cuales se consigue el control del vértigo en la mayoría de los casos. 

 

 

En la enfermedad de Menière, el vértigo puede persistir sin responder al tratamiento médico llegando a ser incapacitante en alrededor del 10% de los pacientes, en los que están indicadas otras formas de tratamiento, algunas orientadas a reducir el posible componente inflamatorio de la enfermedad, otras a reducir la presión producida por el exceso de endolinfa y, un último grupo, orientadas a reducir o anular la función de los receptores laberínticos.

 

El grado de control del vértigo a largo plazo y el riesgo de deteriorar la audición, si ésta está conservada, determinan  la selección de la técnica. 

 

 

Terapia  intratimpánica.

La administración de diversos medicamentos mediante inyecciones a través del tímpano sirve para tratar diferentes enfermedades del oído interno, con frecuencia la enfermedad de Menière, cuando el vértigo no se controla con tratamientos médicos convencionales, antes de recurrir al tratamiento quirúrgico. Los medicamentos utilizados son: los corticosteroides y la gentamicina.  La inyección directa de estos fármacos al oído medio a través de la membrana timpánica se utiliza para lograr su difusión al oído interno.

 

Los corticoesteroides se administran sobre todo para tratar la inflamación, fenómenos alérgicos y autoinmunitarios, utilizándose también para el tratamiento de la sordera brusca y de hipoacusias de origen inmunológico. La técnica se realiza con anestesia local sin requerir ingreso hospitalario. 


 


Mediante la inyección intratimpánica de gentamicina se lesionan los receptores vestibulares laberínticos reduciendo su función y probablemente contribuyendo a la disminución de la producción de endolinfa, decreciendo así el hydrops endolinfático, mecanismo que desencadena los síntomas en la enfermedad de Menière. Este tratamiento controla o mejora el vértigo en aproximadamente el 80 % de los casos a la vez que se conserva la audición en muchos de ellos, sin excluir el riesgo de hipoacusia en alrededor del 20%.

 

 

 

La cirugía del saco endolinfático

Reduce la presión en el espacio endolinfático producida por del acúmulo excesivo de endolinfa, mecanismo que produce los síntomas, mediante técnicas quirúrgicas que lo descomprimen o lo drenan (descompresión o drenaje del saco endolinfático), mejorando el vértigo en aproximadamente el 70% de los casos y conservando la audición. La cirugía suele realizarse con anestesia general a través de una incisión en la piel por detrás de la oreja identificando el saco endolinfático.  

 


La neurectomía vestibular

Secciona el nervio vestibular, eliminando la función de los receptores laberínticos, obteniendo la desaparición completa del vértigo sin deteriorar la audición en casi el 100% de los casos. La técnica quirúrgica se realiza con anestesia general  por detrás o por encima de la oreja seccionando el nervio vestibular en su trayecto dentro del cráneo.

 

La laberintectomía quirúrgica

Anula completamente la función vestibular eliminando el laberinto y consiguiendo la desaparición del vértigo en el 100% de los casos. La cirugía  está indicada en casos en los que no existe audición y se realiza con anestesia general a través de una incisión en la piel por detrás de la oreja extirpando el laberinto. 

 

Tanto tras la laberintectomía como en la neurectomía se produce vértigo intenso y posteriormente desequilibrio, ésto sucede durante el periodo de tiempo en que se desarrollan los mecanismos de compensación que reequilibran la función vestibular, debiendo estimularse lo antes posible con programas de rehabilitación vestibular para completar el tratamiento. 

 

 

 

   

 

 

Vértigo posicional

El vértigo posicional, sobre todo el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) es la forma clínica más frecuente de vértigo y puede ser de causa desconocida o presentarse  asociado a catarros de vías altas, traumatismos craneo-encefálicos y a infecciones víricas del nervio vestibular (neuritis vestibular).

 

Estas causas favorecen el desprendimiento de otolitos (micropárticulas de carbonato cálcico) del utrículo, que se desplazan con los cambios de posición de la cabeza a los canales semicirculares provocando a su vez el desplazamiento de sus receptores, dando lugar al vértigo posicional. En la mayor parte de los casos las partículas se desplazan al canal semicircular posterior, con menor frecuencia al horizontal y excepcionalmente al superior.

 

 


El diagnóstico se realiza explorando los movimientos de los ojos producidos por movimientos de la cabeza, que sitúan los canales semicirculares en sus planos más sensibles a la fuerza de la gravedad. Ésto provoca el desplazamiento de los otolitos y de sus receptores, dando lugar al vértigo y a movimientos oculares relacionados con el canal semicircular afectado.

 

         

El VPPB remite espontáneamente en el 50% - 70% de los casos. Cuando persiste, el tratamiento se realiza mediante maniobras físicas de reposición que consisten en una secuencia de movimientos de la cabeza que van desplazando los otolitos desde el canal semicircular en el que se encuentran al utrículo de donde proceden, o bien los dispersan.

 

El tipo de maniobra y la secuencia de movimientos varía dependiendo del canal semicircular en el que se encuentran, obteniéndose la remisión del vértigo en alrededor del 85-90% de los casos. Las maniobras físicas de reposición constituyen una de las modalidades terapéuticas más efectivas para tratar el vértigo.